¿Y la Sinjónica, apá?

—¿Cómo fue, compare? Cuéntale a la raza…
—Güeno, compare, gúeno… toy rete asustao.
La verdá no es eso pa’ nosotros la raza,
que apenas pa’ los sudados ajustamos.

Todos taban, compare, como en la secundaria:
los ricos abajo con camisas fajadas y ñoras de vestido,
la raza arriba con su mezclilla y playeras.
Pero nadie embotado como uno, copare.

Y allí estuve, tieso como alumbrado público.
Sin poder ni estornudar, ni toser, ni nada,
porque a luego tuercen como de pecera…
La neta, compare, como si se asquiaran.

Todos viendo el celular y echando la selfie,
igual que en el Machacado Fest, compare.
Me pegó la curiosidad y le pregunté al vato de al lado:
—¿A qué hora sacan las cheves, compa?

Ps que se voltea y se cambia de lugar…
Pos me quedé en las mismas, compare.
—Ta güeno, ¿pero y la sinjónica?
—No llegaba, pero aguánteme, compare.

Hasta el fondo había resto de sillas.
Y que suena una campana… yo creo un llamado.
Ps de adentro fueron apareciendo puros pingüinos:
un resto de músicos de negro… ¡hasta me sentí en un funeral!

Un puñado de violines, algunos tololoches,
y unos viejillos se fueron a parar a los pitos
hasta atrás de las sillas.
¡Ah, pero qué escándalo armaron!
Esperaba saliera la Banda Limón.

Llegaron afinando… yo creo por el tráfico.
¡No han de haberlo hecho en casa!

¡Y el susto primero!
Salió un viejo regordete vestido muy raro,
y al verlo, que la gente le aplaude.
Y a luego… como un sepelio. ¡Silencio!

Ps que apagan las luces como en el cine,
y que el regordete pelado nos da la espalda.
Y el segundo susto, compare:
Pos que los músicos empiezan su desmadre…
¡y que casi se me salen los de arrachera del susto!

Y no, que a luego casi ni se oía.
Pero ya ni ver a los músicos,
que taban pero más dormidos que el de en frente.
De pronto que paran, y oí que el de al lado le dijo a su vieja:
—Mejor vámonos, Pedro… que está mejor el Nesflis.

Y jué cuando entonces el regordete papaloteaba,
y toítos los músicos que dejaban de tocar
y se veían el uno al otro…
Pos no sabía ni qué pasaba, compare.

Ya estaba que iba al depósito,
y que el regordete dice:
—¡Compás 321!
Y que se sueltan a tocar los pávidos aquellos.
¡Qué música tan rara esa con el regordete, compare!

Y pues el tipejo que parecía intentaba volar,
porque agitaba los brazos como emprendiendo vuelo,
y que los músicos le daban más juerte,
yo creo el regordete los amenazaba de golpearlos si no.

Yo estaba que ni sabía que pues.
Me sentía en el cine, en esas pelis de terror,
cuando de la nada, compare…

silencio.

Hasta que una doñita que grita a todo pulmón:
—¡Bravo, maistro!
Ájale, pensé… llegaba el compadre al jale.
Y que la gente se levanta a gritar y aplaudir.

El regordete yo creo hacía su cardio del día,
porque entraba y salía, como 6 veces.
Dizque se iba… y que volvía.
Ya ni sabía si era un juego o qué.

Y pos que para a los músicos, uno por uno.
Y eso que ya la raza taba rete cansada.
Nombre, compare… ¡fue todo un despapaye!

—Ta güeno, compare, ¿pero y la sinjónica?
—La neta, compare… que ni sé.
Ha de estar de vacaciones, porque ni se dignó a venir.