Leyendas de Nuevo León: El Cerro de la Plata

LA LEYENDA

Mientras realizaban la conquista, los españoles se dejaban llevar por ideales, forjando en su imaginación cosas que es muy probable no existieron. De esta manera, crearon la Gran Quivira, las Siete ciudades de Oro, El Dorado, y hasta la Fuente de la Eterna Juventud.

Nuevo León no fue la excepción, sólo que en esa época se le llamaba a este territorio el Nuevo Reino de León y crearon un maravilloso Cerro de la Plata.

En el capítulo V de su crónica, Alonso de León, sin hacerse solidario de su existencia, asienta:

«Un cerro dicen que hay, que llaman El de la Plata, incógnito a los que hoy viven, también lo sería a los pasados.»

Quienes hicieron jornadas hacia el norte, aseguraban haberlo visto brillar en toda su magnificencia.

Pero no sólo el cronista se refiere a este cerro maravilloso, el propio gobernador, Martín de Zavala, en el memorial que envió al rey Felipe IV en 1655, expresa con entusiasmo que ya tiene «evidente noticia» de su existencia.

Sin embargo, el deslumbrante Cerro de la Plata o se alejaba cada vez que alguien se acercaba, o por artes de encantamiento hacía que se frustraran los planes de cuantos codiciosos intentos se hacían para alcanzarlo.

En 1644, ya dispuesta en Monterrey, una compañía al mando del general Juan de Zavala para ir en su busca, y otra lista en 1648, con el mismo propósit, los alzamientos de los icauraas, caracatas y otras naciones, desviaban la atención y se malograban las salidas.

Lo mismo sucedió a las expediciones organizadas por el gobernador de la Nueva Vizcaya. Jamás fue posible, ni de Monterrey ni del Parral, llegar al Cerro de la Plata.

Los pobladores del noreste se resignaron a abrigar la esperanza de llegar a esta fabulosa montaña, que muchos juraban y perjuraban haber visto de vez en cuando, en el indefinido horizonte del norte del Nuevo Reino de León.

EL COMENTARIO

Hay dos formas generales de ver esta leyenda; primero, como una figura bien conocida, la del lugar encantado, no necesariamente en un sentido de magia o fábula, sino por contener un tesoro, un secreto, o algo útil para aquellos aventureros con la osadía de buscarlo. Puede ser el Santo Grial, puede ser la olla de oro al final del arcoiris, pueden ser las Indias Orientales, o como el texto menciona, el Dorado, o las Siete Ciudades de Oro.

La segunda forma de ver esta leyenda, es en un sentido más pragmático, como un cuento que es producto de su contexto, de su tiempo, región, y de las personas que escribieron dicho cuento.

Las leyendas pueden alimentar de esperanza a las personas. Al perseguir indefinidamente un arcoiris, habrá una recompensa; al explorar indefinidamente cierta región, se encuentra una montaña forrada de plata –es decir; riqueza.

La figura del Cerro de la Plata se podría también explicar como una forma de atraer turistas, exploradores, y otras personas que traerían actividad, población, y más importante aún, capital, a una región poco atractiva.

La motivación de encontrar una gran riqueza es, históricamente, una táctica de negocio que algunos europeos llegados América usaron para vender terrenos o conseguir estipendios.

El Cerro de la Plata es una leyenda que se parece asociarse con intenciones de atraer riqueza; preguntémonos, ¿quién se beneficia de esta leyenda? Probablemente aquellos conquistadores españoles en busca de fondos, hombres, o capital para seguir patrocinando su estancia en el Nuevo Reino de León.

¡Los Cerros de la Plata todavía existen!

En el Nuevo León moderno aún se crean mitos, como megafábricas nunca construídas que supuestamente traerían inversión, pero que sólo sirvieron para el beneficio de unos cuantos, para vender terrenos y especulación. Así como El Cerro de la Plata, estos mitos modernos son alimentados por la avaricia de unos y la esperanza ignorante de quienes caen en el engaño.