Un concierto fuera de tiempo
La Orquesta Sinfónica de la UANL presentó su concierto de Año Nuevo bajo la dirección de Eduardo Díazmuñoz. Aunque esta tradición se asocia con la Filarmónica de Viena y su icónica interpretación de valses el 1º de enero, la OSUANL decidió llevarla a cabo a finales de mes.
Históricamente, los conciertos de Año Nuevo nacieron en 1941 con la Filarmónica de Viena para recaudar fondos durante el invierno. Los valses, que eran la música popular en Viena a principios del siglo XX, consolidaron esta tradición festiva.
Pero en Monterrey, en 2025, la pregunta es inevitable: ¿tiene sentido replicar este formato casi un mes después? Desde una perspectiva pedagógica, puede ser un ejercicio válido, pero su impacto en la comunidad es incierto. El vals no es un género arraigado en la cultura regiomontana, y trasladarlo sin adaptación podría restarle significado.
Entre la tradición y la adaptación
El concierto, de casi dos horas, se dividió en dos secciones: una con valses vieneses, de ballet y ópera, y otra con valses mexicanos. La inclusión del repertorio nacional fue un intento de acercar esta tradición al contexto local, aunque aún falta consolidar su identidad dentro de la programación de la orquesta.
Uno de los aspectos más notables fue la frecuencia de pausas prolongadas entre piezas, donde Díazmuñoz presentaba a distintos miembros de la orquesta para recibir aplausos. Si bien el reconocimiento a los músicos es valioso, estos intermedios añadieron entre 15 y 20 minutos al programa, afectando su ritmo y cohesión.
Dirección e interpretación: una orquesta dividida
Desde el podio, Díazmuñoz dirigía con entusiasmo, pero la conexión con la orquesta no siempre fue clara. Hubo momentos en los que sus gestos parecían no reflejarse en la interpretación del ensamble, lo que genera dudas sobre la efectividad de los ensayos previos.
En términos técnicos, los desbalances en la sonoridad fueron evidentes, con metales que sobresalían más de lo necesario en piezas como El Vals del Emperador y la Obertura de El Murciélago. Las cuerdas, además de problemas de afinación, carecen de la presencia suficiente para equilibrar la sonoridad de la orquesta, un problema que debe resolverse de inmediato.
Sin embargo, el problema más evidente fue la falta de cohesión. Cada sección parecía seguir su propio pulso, como si no compartieran un mismo objetivo musical. Esto hizo que algunos valses perdieran su esencia rítmica y fluidez, afectando su carácter bailable y festivo.
El comentario: entre el entusiasmo y la incertidumbre
El concierto dejó en claro los desafíos que enfrenta la OSUANL: falta de liderazgo interno, una sección de cuerdas debilitada y una interpretación que, más que unificarse, pareció fragmentada. La orquesta necesita soluciones urgentes, ya sea reacomodando su disposición para favorecer la proyección de las cuerdas o incorporando nuevos músicos.
A pesar de esto, el teatro vibró con aplausos y ovaciones. Un público nuevo y entusiasta llenó la sala, demostrando que hay interés por la música orquestal en Monterrey. Si la dirección artística logra encauzar este entusiasmo con ensayos más estructurados y un enfoque claro, la OSUANL podría ofrecer resultados más sólidos en sus próximas presentaciones.
